La
internacionalización de nuestra ingeniería se manifiesta en esfuerzos para
alcanzar estándares de calidad aceptados en todo el mundo. El futuro ingeniero
deberá desplazar del mercado nacional a la tecnología de importación, y
exportar conocimientos, procesos y productos.
La
ingeniería es el vehículo para llegar al futuro y un seguro de que se alcanzará
el futuro deseado. La ingeniería es profesión que se nutre de las ciencias, las
humanidades, las artes. La importancia de la ingeniería reside en su potencial
como forjador del nuevo país que se desea.
La
comunidad de los ingenieros todavía debe definir, junto con el concepto de país
que ambicionamos en tres o cinco décadas, qué atributos queremos del proceso de
desarrollo. Este debe contener las aspiraciones nacionales de bienestar y
felicidad sociales, de vivir en paz con un confort razonable, con acceso
creciente a la educación superior.
Deberemos
definir cómo queremos medir el progreso, más allá del PIB per cápita. Para
destacar en el concierto de las naciones, se habrán de identificar los espacios
que más convienen, los que permiten aprovechar ventajas comparativas y
desarrollar ventajas competitivas. El propósito de participar en el ámbito
internacional debe estar claro, y sus méritos y desventajas deben estar bien
entendidos.
El
rumbo de una ingeniería para el futuro será consecuencia de las tareas que
habrá que abordar, con calidad mundial ganadora, para recuperar de manera
sostenible nuestra economía y nuestros espacios culturales. Deberán definirse
códigos de ética que refuercen la correlación entre las ambiciones del
ingeniero y el bien común.
El ingeniero del
futuro requerirá nuevas capacidades y destrezas en la procuración y apropiación
de conocimientos nuevos, tanto técnicos y científicos como de gestión;
creatividad y originalidad en el abordaje de los problemas del país, y excelencia
en los métodos. Sin embargo, los aspectos técnicos son los más fáciles de
evaluar y certificar, y habrá más atención a ellos en la comparación entre
profesionales de distintas escuelas y naciones. Las universidades y sus
comunidades de egresados deberán participar de manera focal en la definición de
estas tareas, si no por otra razón, por la necesidad de la brújula que oriente
los esfuerzos de entrenamiento de los nuevos profesionales.
Aporte de: Luzmileidy Gomez y Arianna Rojas
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